Los amantes de las almejas las prefieren al natural, crudas y vivas, recién abiertas. Se les suele echar unas gotitas de limón para comprobar si, en efecto, están vivas. En caso contrario conviene desecharlas. Al comprarlas conviene tocarlas para comprobar si están vivas: deben cerrar sus valvas en ese caso. Conviene poseer cierta habilidad para abrirlas sin desgarrar su carne. También pueden escaldarse de cinco a diez segundos: no dejarán de estar vivas pero disminuirá la dificultad de abrirlas. Siempre que se cocinen conviene cerciorarse de que no contengan tierra en su interior. Meterlas en un barreño con agua salada durante unas horas es un buen sistema para evitar la presencia de tierra.

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