Hora del postre
Desde O’Grelo las comidas suelen ir despacio y con gusto. Se disfruta del marisco, del pan recién mojado en la salsa, de la conversación que fluye sin mirar el reloj. Y cuando la mesa ya está llena de platos vacíos y sonrisas satisfechas, llega ese momento tranquilo en el que nadie se levanta todavía. Alguien mira alrededor, otro se ríe y la pregunta aparece casi sola: “¿Vemos los postres?”. Aquí, más que una decisión, es una prolongación natural de la sobremesa. Filloas finas y doradas, en su versión clásica, de chocolate o de nata; milhojas de nata con hojaldre crujiente y ligero; un cheesecake cremoso, suave, sin excesos; tarta de manzana con ese punto reconfortante que huele a cocina casera; o un café irlandés que invita a quedarse un poco más. Los postres llegan a la mesa y el tiempo se estira entre cucharadas, café caliente y conversaciones que bajan el tono. La comida se transforma en recuerdo mientras la sobremesa encuentra su ritmo, sin prisa, sin ruido. En nuestro restaurante el final nunca es un corte seco, sino un cierre amable, de esos que hacen que salir del restaurante cueste un poco más de lo previsto.